La Fatiga de la Vida
Pocos son los días, y muchos los
problemas, que vive el hombre nacido de mujer. Job 14:1
LA VIDA del ser humano no es solo
breve. Otro concepto que aparece con frecuencia en la Palabra de Dios es que la
vida de los seres humanos está llena de dificultades y problemas. Jacob lo
entendió de este modo: «Mis años de andar peregrinando de un lado a otro han
sido pocos y difíciles» (Gen. 47: 9)
.
Por doquiera vemos vestigios del
sufrimiento humano. El hambre que prevalece en el mundo nos golpea duro. La
enfermedad también nos trae mucho sufrimiento. Las crisis familiares y los
divorcios provocan mucho dolor, especialmente emocional. Este tipo de
sufrimiento deja a veces más secuelas que el dolor físico. Se pensaba que las
crisis familiares y los divorcios eran un fenómeno de sociedades desarrolladas,
como Estados Unidos, Canadá y los países de la Unión Europea. Pero hoy lo vemos
por todas partes: familias desintegradas y niños que viven en la calle, donde
son abusados y explotados. Se ha calculado que alrededor de cien millones de
niños viven en las calles del mundo, muchos de los cuales pertenecen a familias
disfuncionales.
El sufrimiento es el resultado
del mal que prevalece por todas partes. Es evidente en la Palabra de Dios que
el ser humano no fue creado para sufrir, como no lo fue para morir. También
está claro que el plan de Dios es restablecer el ideal original del Creador
para la humanidad.
Pero, aunque nuestra vida pueda
tener sinsabores, amarguras y sufrimientos, podemos gozarla aun en medio de la
crisis. El apóstol Pablo fue un ejemplo de esto: imbuido por el Espíritu de
Dios, aprendió el secreto de ser feliz a pesar de las adversidades. Cuando
abrazó el cristianismo, sus familiares lo aborrecieron; y aun fueron los
primeros en perseguirlo. Contrajo una enfermedad que fue una molestia
constante, por lo que oró al Señor para que lo sanara, pero sin éxito. En el
capítulo doce de la segunda Epístola a los Corintios, Pablo hace una lista de
tribulaciones que podrían haber amargado a cualquier persona. Finalmente, en
Roma, lo decapitaron por su fe y fervor en esparcir el evangelio. Pero él se
regocijaba en Cristo. Escribió: «Por lo tanto, gustosamente haré más bien
alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo».
Que Dios nos ayude a ser felices durante este año a pesar del sufrimiento que
podamos tener o contemplar.
Novedad de vida
Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece Filipenses 4: 13
LO que hace especial a cada año
que se empieza es la novedad. El tiempo que se nos ofrece es nuevo, porque no
lo hemos vivido. Es allí donde está el meollo del asunto. Si lo hubiéramos vivido,
sería viejo. En algunos países y culturas se simboliza al año que pasó con un
muñeco en forma de anciano: Representa al año que se fue. Asimismo, se
representa al año que amanece como un bebé recién nacido.
En algunas culturas la gente
acostumbra a vestirse con ropas nuevas durante las celebraciones del Año Nuevo.
Nada como lo nuevo. Un nuevo vestido, un nuevo traje, un nuevo auto, una nueva
casa. Tenemos una fascinación por lo nuevo. Hoy tenemos un año nuevo. Dios nos
permita tener la oportunidad de ser personas nuevas.
Es emocionante pensar que tenemos
por delante 361 días, que llenaremos con nuestras vivencias. Cada año nuevo es
como un libro de 365 páginas en blanco, en las que escribiremos lo que haremos
y experimentaremos. Pero aun es más emocionante saber que nosotros decidiremos
qué vamos a escribir allí. ¿Qué hemos empezado a escribir en las páginas de
este nuevo año? ¿Con qué llenaremos las restantes?
El ideal de Dios para nuestra
existencia atribulada por el mal que nos rodea es que vivamos una vida nueva.
Dios es amante de lo nuevo. Él quiere que lleguemos a ser nuevas criaturas (2
Cor. 5: 17); que vivamos una vida nueva (Rom. 6: 4); que tengamos un nuevo
nombre (Apoc. 2: 17); y que vivamos en una ciudad y un mundo nuevos (Apoc. 21:
1, 2). Un día, Dios hará que el sufrimiento y la miseria del mundo y de
nuestras vidas sean totalmente transformados en un nuevo orden de cosas, donde
ya no habrá hambre ni enfermedad ni dolor ni separación ni muerte.









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