UN LUGAR DE REFUGIO

jueves, 8 de junio de 2017

Y Tú ¿Quién Eres?

Y Tú ¿Quién Eres?


Un grupo de vendedores fue a una convención de ventas. Todos habían prometido a sus esposas que llegarían a tiempo de cenar el viernes por la noche. Sin embargo, la convención terminó un poco tarde, y llegaron retrasados al aeropuerto. Entraron todos con sus boletos y portafolios, corriendo por los pasillos. De repente, y sin quererlo, uno de los vendedores tropezó con una mesa que tenía una canasta de manzanas. Las manzanas salieron volando por todas partes. Sin detenerse, ni voltear para atrás, los vendedores siguieron corriendo, y apenas alcanzaron a subirse al avión. Todos menos uno. 
Este se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas. Les dijo a sus amigos que siguieran sin él y le pidió a uno de ellos que al llegar llamara a su esposa y le explicara que iba a llegar en un vuelo mas tarde. Luego se regreso a la terminal y se encontró con todas las manzanas tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta de que la dueña del puesto era una niña ciega. El hombre se arrodillo con ella, junto las manzanas, las metió en la canasta y le ayudo a montar el puesto nuevamente. Mientras lo hacia, se dio cuenta de que muchas se habían golpeado y estaba magulladas. Las tomo y las puso en otra canasta. Cuando termino, saco su cartera y le dijo a la niña: “Toma, por favor, estos cien pesos por el daño que hicimos. ¿Estas bien?, ella, llorando, asintió con la cabeza. El continuo, diciéndole, “Espero no haber arruinado tu día”. Conforme el vendedor comenzó a alejarse, la niña le grito: “Señor…” El se detuvo y volteo a mirar esos ojos ciegos. Ella continuo: “¿Es usted Jesús…?”
…Y a ti, ¿La gente te confunde con Jesús? Porque ese es nuestro destino, ¿No es así? Parecernos tanto a Jesús, que la gente no pueda distinguir la diferencia. Parecernos tanto a Jesús, conforme vivimos en un mundo que está ciego a su Amor, su Vida y su Gracia. Si decimos que conocemos a Jesús, deberíamos vivir y actuar como lo haría El. Conocerlo es mucho más que citar los Evangelios, e ir a la Iglesia. Es, en realidad, vivir su palabra cada día.
Tú eres la niña de sus ojos, aun cuando hayas sido golpeado por las caídas. El dejo todo y nos recogió a ti y a mi en el Calvario. El pago por nuestra fruta dañada. ¡Empecemos a vivir como si valiéramos el precio que el pago! ¡Empecemos hoy!


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